Francine Egberts, organizadora de actividades

¡Día del deporte!

Organizar un día de deporte para 100 niños no es tan fácil. Nuestro primer día del deporte estuvo planeado para los últimos días de mi estadía en León y yo consideraba que organizar un día de esparcimiento para los niños de la calle del barrio de León constituía la coronación de mi trabajo.

Lo primero de todo fue conversar mucho con nuestro equipo de trabajo leonés sobre qué comprendería el día del deporte. Resultó que nuestras ideas sobre el juego y el deporte, en algunos puntos divergían totalmente. Así que tuve que insistir para que en el día del deporte los equipos estuvieran mezclados, que no hubiera tarjetas rojas, como así tampoco grandes premios para el ganador. Después de haber conversado sobre el tema en dos reuniones, pude finalmente llevar a cabo lo que dieron en llamar mi experimento. Felizmente no todos estaban escépticos, pero el tutor Jairo, por ejemplo, un fanático del fútbol, no podía sacarse de la cabeza que los chicos no llevarían por delante a las chicas. Por eso mismo, el día del deporte, Jairo se presentó, por supuesto, ¡con tarjetas rojas para sancionar las faltas graves!

Ese mismo día, antes de que comenzaran los partidos, los fanáticos ya estaban pidiendo una pelota. Antes de que yo me diera cuenta, ya estaba Marco rodeado de un grupo de amigos, mostrando sus habilidades, con los pies descalzos. Le pregunté por qué estaba sin zapatos, y él me respondió que ese día no los necesitaba porque podía correr más rápido sin zapatos. Luego caminó hacia las listas para ver en qué equipo jugaría. Regresó contento y le gritó a su primo Juan “¡jugamos el primer partido uno contra el otro, será muy emocionante!” Los equipos estaban dirigidos por algunos padres. El equipo rojo jugó muy bien. Marco estaba en el arco y dirigía muy bien a sus vecinos y compañeros de equipo. Él se quedaba en el arco, no necesitaba avanzar, ya que adelante había unos buenos delanteros que, también descalzos, se imponían con facilidad al equipo contrario. A pesar de que la presencia de los chicos era dominante en los partidos, la mayoría de las chicas no se dejaban quitar la pelota. Cada tanto Jairo sacaba una que otra tarjeta roja, pero afortunadamente no era porque los chicos empujaran a las chicas.

El espíritu competitivo de todos los niños estuvo muy presente durante todo el día, y una de las principales razones era que el premio consistía en una pelota. No hay nada que haga más feliz a nuestros niños que una pelota, pero lamentablemente, sólo puede haber un equipo ganador. En este día, los afortunados fueron los chicos del equipo rojo.

Después del torneo encontré a Alvaro sentado en un rincón. Cuando le pregunté por qué estaba tan triste, me dijo: “Realmente debería haber jugado en el equipo rojo, la división no ha sido justa y ahora no tengo pelota”. Luego, una lágrima le rodó por la mejilla. Para consolarlo le prometí que para el próximo día del deporte, el premio sería nuevamente una pelota, y que por lo tanto él debía esforzarse mucho para estar en forma.

Francine Egberts ha trabajado medio año de forma muy intensa para MPP en Nicaragua. Ha hecho una película de promoción, ha dirigido un programa vacacional y ha desarrolado un plan de actividades. El día del deporte fue un cierre exitoso. Después de su regreso a Holanda, Francine siguió un post-doc en trabajo para el desarrollo en la universidad Radboud de Nijmegen. Desde hace dos años está nuevamente activa en el extranjero. Después de algunos años en Tailandia, Francine trabaja actualmente en Mongolia.